La semana pasada hemos vivido el caso de Colegio Valdeluz, que ha sido noticia por la detención y encarcelamiento de un profesor por abusos contra menores. Los que conocemos bien este centro (mis dos hijos estudian allí) hemos podido aprender diez lecciones de este suceso que tiene que ver con la imagen de la institución, su tratamiento en la comunicación y los efectos de todo ello:


1. Al final todo se sabe. No sirve de nada ser una buena persona y magnífico profesor, como consta que era Andrés Díaz. Las conductas que saltan la ética y la legalidad siempre acaban por conocerse y sus autores cargan con las consecuencias.

2. Dejar de hacer también puede tener consecuencias. Se ha publicado (y por tanto no está confirmado) que el Director del Colegio y el Jefe de Estudios podían haber tenido conocimiento de la denuncia de una alumna y que por eso fueron detenidos. A falta de saber si lo publicado es cierto, son los responsables de la entidad y de lo que sucede en ella y por tanto no actuar tendría consecuencias. Lo triste es que antes conocer la verdad ya han sido juzgados y condenados por la opinión pública y ambos, siendo magníficas personas, han tenido que pagar con su renuncia las consecuencias de los actos de otros.

3. EL tiempo, lejos de arreglar las cosas, las empeora. Cuando alguien vulnera las normas y se da cuenta de que su acción queda sin castigo, siempre va a insistir en su mal comportamiento, y la reiteración va aumentando las posibilidades de ser descubierto. Al final cae y las consecuencias son tremendas.

4. Cuando sale a la luz, todo es peor de lo previsto. Una vez que se descubre públicamente un delito, la dimensión que adquiere en la opinión pública siempre excede con mucho la realidad de los hechos.

5. Que la verdad nunca te estropee un buen titular. La necesidad de la prensa de “vender” un suceso que atraiga la atención de la gente hace que la falta de rigor de algunos periodistas les lleve a deformar la realidad hasta que lo que se cuente no se parezca nada a lo realmente sucedido.

6. Todos hacen leña del árbol caído. El hecho de que el delito ocurra de un centro de carácter religioso provoca una mayor beligerancia en las personas que están en contra de esta confesión. Opinión pública, prensa que no comulga con sus ideas y miles de personas resentidas aprovechan el momento para sacar todos los trapos sucios, exagerar historias o tratar de conectar viejas noticias que nada tiene que ver con el hecho, pero que dan la sensación de que absolutamente todo lo que ocurre en el centro desde hace muchos años es deplorable.

7. El silencio no es la solución. Quizás por falta de experiencia, el colegio no ha sabido gestionar la comunicación de los acontecimientos, y dejar que sean otros los que vayan relatando los hechos. No tomar la iniciativa con transparencia y total claridad, es lo peor que se puede hacer en estos casos.

8. El daño causado no es reparable. La imagen de una institución tarda años en construirse a través de millones de buenas prácticas; un solo individuo entre un millar y un hecho execrable pero aislado entre los millones de acciones que una institución como esta lleva realizadas a lo largo de su historia, dan al traste con el prestigio conseguido en tan sólo unas horas. Además, la prensa solo ofrece en primera página o en los titulares de los noticiarios al producirse el inicio del delito. Por muy favorable que al final sean las sentencias hacia el colegio (por supuesto no hacia el delincuente), ningún medio se ocupará de divulgarlo para que las cosas queden en su sitio. La vuelta a la normalidad ni es noticia ni vende periódicos.

9. Hay dos varas de medir la responsabilidad. Los gerentes del centro, al publicarse que conocieron en su día los hechos, renunciaron inmediatamente a sus puestos, dando por terminada su carrera profesional. Los políticos de la Comunidad de Madrid, que en este caso de manera cierta tuvieron conocimiento de los abusos, ni se han dado por aludidos, ni se les pasa por la cabeza que tenga consecuencias para ellos.

10. Al final, el tiempo pone las cosas en su sitio. Pese al ruido producido en poco tiempo, la exageración de lo contado, la deformación de la realidad parea enfocar sólo lo peor de la labor del colegio, tras una semanas las cosas volverán a la normalidad, y aunque para las personas lejanas el nombre del Valdeluz quede por mucho tiempo asociado a este escándalo y por tanto manchado en su integridad, las personas más cercanas y que viven de verdad la realidad de la labor del colegio, poco a poco ayudarán a devolver al colegio su justa imagen. Con seguridad en los próximos cursos, con nuevas personas al frente de la institución, se seguirá llenando el colegio y se continuará con la impagable labor que la comunidad educativa del colegio ha llevado de manera ejemplar durante tantos años.

Que por lo menos este lamentable episodio sirva para que la experiencia evite que cosas parecidas vuelvan a ocurrir.